Vamos a conocernos un poquito más

La terapia es un espacio para ti. Yo te acompaño

Hola, soy Rafael Ramos, psicólogo sanitario y psicoterapeuta

Mi trayectoria profesional comienza con el Grado en Psicología y el Máster en Psicología General Sanitaria en la Universidad de Almería. Desde entonces he continuado formándome de manera constante, especializándome en terapias humanistas, neuropsicología, terapias contextuales y EMDR.

Llevo más de 9 años trabajando desde una visión integradora, ofreciendo un espacio seguro y adaptado a cada persona y a su proceso.

Vivo el lugar terapéutico como un lugar diferente al que ocupo en mi vida cotidiana, un lugar donde mi mundo personal baja de volumen y me pongo completamente disponible para el otro. La terapia me permite adoptar un modo diferente de estar presente, me permite sobre todo sentirme disponible, útil y en crecimiento constante.

Durante los últimos años he trabajado sobre todo con relaciones dolorosas, traumas profundos, rupturas afectivas y duelos, siempre manteniendo un enfoque humano, curioso y cercano.

Primer plano del psicólogo, Rafael. Es calvo, con barba, viste una camisa blanca de botones con textura y está de pie con los brazos cruzados frente a una pared abstracta y colorida.
Rafael dando un paseo en un parque verde. Tiene camisa blanca y jeans azules.

Para mí, el vínculo terapéutico es la base de todo. Sin un vínculo fuerte donde apoyarse es difícil avanzar y realizar cambios significativos. Los cambios suelen nacer y experimentarse en terapia, de ahí la importancia de que exista un espacio seguro, de respeto y de confianza. Me gusta vincular de verdad con las personas que acompaño, curiosear sus intereses, sus miedos, sus creencias, siempre desde un lugar de respeto y sinceridad.

Me emociona cuando alguien me escribe para contarme una buena noticia, o cuando comparten conmigo una foto tras un momento importante. Son gestos que van mas allá de lo profesional y que me recuerdan que esto es, ante todo, un encuentro humano.

Fuera de la consulta soy padre de dos peques, una experiencia que me ha enseñado profundamente sobre la paciencia, la presencia y el respeto por los ritmos naturales.

En mi tiempo libre disfruto caminando por la naturaleza y observando los cambios que se producen a lo largo de los ciclos, un recordatorio constante de que las personas también necesitamos tiempos distintos para crecer, sanar o, simplemente, estar.

Leo mucho sobre relaciones y comportamiento humano, y esas lecturas terminan apareciendo en forma de metáforas e imágenes en las sesiones. Mis experiencias me van nutriendo a mi, a la vez que van nutriendo los distintos procesos que acompaño.

Los principios que me guían

Mi compromiso contigo

Desde mi visión integradora, la terapia es un encuentro entre dos personas, no un acto técnico y frío. Tu historia es única y la trato con el respeto, la curiosidad y el cuidado que merece.

Para mi también es importante la honestidad. Para realizar un buen proceso terapéutico y que la persona que es acompañada sienta un vínculo seguro y fiable, debe haber una conexión real. Si la conexión no se da, la persona merece ser acompañada por otro profesional que pueda ofrecérsela. En estos casos suelo derivar a algunos de los colegas colaboradores.

No parto de un manual ni de un protocolo rígido, cada persona es diferente, con sus tiempos, sus ritmos y su manera de procesar las experiencias. Mi enfoque integra las distintas corrientes de la psicología para adaptar la intervención a lo que necesitas.

Disfruto de formación continua, me superviso terapéuticamente con regularidad y me gusta experimentar nuevas técnicas y estrategias. Me gustan los retos a nivel terapéutico porque me encanta aprender y crecer.

Mi objetivo es poder ayudar cada vez más y mejor a las personas que buscan mi acompañamiento.

Libro abierto con páginas blancas en una superficie de tela texturizada, cruzado por sombras diagonales.

Tu historia merece un espacio seguro donde ser contada

Imagen borrosa de una persona acostada en el suelo con las manos entrelazadas sobre el pecho, en señal de alivio y relajación.